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Tácito — Anales

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Publio Cornelio Tácito, Anales (Ab excessu divi Augusti), ca. 115–120 d.C. Traducción de José Luis Moralejo. Madrid: Gredos, Biblioteca Clásica Gredos, 1979–1980.

Vida de Tácito

Publio Cornelio Tácito (ca. 56 – ca. 120 d.C.) fue uno de los más influyentes escritores e historiadores de la Antigüedad romana, y su obra ha marcado de manera decisiva la comprensión moderna del principado y de la historia política del Imperio. Los datos biográficos firmes son escasos, y buena parte de lo que sabemos procede de sus propias obras, de las cartas de su amigo Plinio el Joven y de una inscripción hallada en Milasa, en Caria. Incluso su nombre de pila es incierto: la tradición manuscrita de los Anales lo llama Publio, mientras que Sidonio Apolinar, en el siglo V, lo llama Gayo.

Nació durante el reinado de Nerón en una familia de cierto relieve social, probablemente de rango ecuestre, en la Galia Narbonense o en la Galia Cisalpina. Pertenecía, pues, a esa aristocracia provincial que en el siglo I fue ocupando los escaños del Senado a medida que se extinguían las viejas familias republicanas, circunstancia que no deja de tener ironía en quien habría de ser el más elocuente nostálgico de la libertad senatorial. Recibió la educación retórica propia de la élite imperial; es verosímil, aunque no está documentado, que estudiara con Quintiliano, el gran maestro de oratoria de la época. Plinio lo reconoce ya en su juventud como uno de los oradores más brillantes de Roma.

Hacia el 77 o 78 d.C. contrajo matrimonio con la hija de Gneo Julio Agrícola, el futuro gobernador de Britania, alianza que favoreció su ascenso. Él mismo resume su carrera al comienzo de las Historias: iniciada bajo Vespasiano, acrecentada bajo Tito y llevada aún más lejos bajo Domiciano. Fue cuestor, tribuno de la plebe o edil, y pretor en el 88, año en que, como miembro del colegio sacerdotal de los quindecimviri sacris faciundis, participó en la organización de los Juegos Seculares de Domiciano. Entre el 89 y el 93 estuvo ausente de Roma, quizá al mando de una legión o gobernando una provincia menor, y a su regreso vivió de cerca los últimos años del terror domicianeo, cuando senadores de su propio círculo fueron procesados y ejecutados. Tácito no oculta su culpa ni la de sus pares: en el Agricola confiesa que las manos de los senadores fueron las que llevaron a Helvidio a la cárcel.

Tras el asesinato de Domiciano en el 96, fue cónsul sufecto en el 97 bajo Nerva, y en ese cargo pronunció la oración fúnebre de Verginio Rufo, el general que en el 68 había rehusado el imperio. En el año 100, junto con Plinio, sostuvo con éxito la acusación contra Mario Prisco, procónsul de África, por concusión. Hacia el 112–113 alcanzó la cúspide de la carrera senatorial como procónsul de Asia. La fecha de su muerte es desconocida; una alusión de los Anales a la expansión romana hasta el mar Rojo sugiere que seguía escribiendo tras las campañas orientales de Trajano, hacia el 116, y probablemente murió a comienzos del reinado de Adriano.

Esta doble condición —testigo directo de los acontecimientos y figura activa en la vida pública— alimenta su obra con una mezcla singular de cercanía institucional y desconfianza crítica. Tácito escribe como un senador que sirvió a un tirano, sobrevivió a él y tuvo que reconciliarse con haber sobrevivido. De ahí el escepticismo de su visión del Imperio, marcada por el tránsito entre el absolutismo de Domiciano y el principado ilustrado de Nerva y Trajano, en el que, según su célebre fórmula, se pudo por fin unir el principado y la libertad, cosas antes incompatibles. La tensión entre el ideal republicano y la realidad del poder personal recorre cada página de su obra.

Obras principales

El corpus taciteano que ha llegado hasta nosotros incluye textos de naturaleza diversa, unidos por una reflexión constante sobre el poder, la libertad, la corrupción y la decadencia de la vieja res publica.

Agricola (De vita et moribus Iulii Agricolae, ca. 98). Biografía encomiástica de su suegro, que es a la vez una velada acusación contra Domiciano y una exaltación de las virtudes cívicas tradicionales. Agrícola encarna la posibilidad de ser un hombre de bien bajo un mal príncipe: servir con competencia, sin servilismo y sin la ostentación de un martirio inútil. La obra contiene el discurso del caudillo caledonio Calgaco, con una de las frases más citadas de la literatura latina: los romanos crean un desierto y lo llaman paz.

Germania (De origine et situ Germanorum, ca. 98). Tratado etnográfico sobre los pueblos germánicos que, siguiendo la tradición grecorromana del género, contrapone su supuesta pureza moral, austeridad y valentía al lujo y la corrupción de Roma. Es tanto un espejo de la sociedad romana como una descripción de los germanos. Su fortuna posterior fue extraordinaria y a menudo funesta: desde el siglo XVI fue leída como documento fundacional de la identidad alemana, lectura que culminaría en su apropiación por el nacionalismo völkisch y el nazismo.

Diálogo sobre los oradores (Dialogus de oratoribus, ca. 102). Conversación ambientada hacia el 75 entre destacados oradores de la época, que discuten las causas de la decadencia de la elocuencia. La tesis que acaba imponiéndose, en boca de Materno, es incómoda: la gran oratoria republicana fue hija de la turbulencia política, y la paz del principado, al hacerla innecesaria, la ha vuelto estéril. Su estilo ciceroniano, tan distinto del de las obras históricas, hizo dudar durante siglos de su autenticidad, hoy generalmente aceptada; su datación sigue siendo discutida.

Historias (Historiae, ca. 100–110). Narraban el periodo que va desde el 69 hasta la muerte de Domiciano en el 96, en doce o catorce libros. Solo se conservan los cuatro primeros y parte del quinto, que cubren el llamado «año de los cuatro emperadores» —Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano— y el comienzo de la revuelta judía y de la rebelión bátava de Civil. En el prefacio Tácito formula el gran descubrimiento del año 69: el secreto del Imperio había quedado al descubierto, pues un emperador podía ser hecho en otro lugar que en Roma.

Anales (Ab excessu divi Augusti, ca. 115–120). Obra cumbre de su madurez, que narraba en dieciséis o dieciocho libros el periodo entre la muerte de Augusto (14 d.C.) y la de Nerón (68 d.C.). Se conservan los libros I–IV, un fragmento del V, el VI (sin su comienzo) y los libros XI (incompleto) a XVI, que se interrumpe en el año 66. Se han perdido, por tanto, el final del reinado de Tiberio en parte, todo el de Calígula, la primera mitad del de Claudio y los últimos años de Nerón. Es una meditación amarga sobre la autocracia, el servilismo del Senado, la delación y el eclipse de las libertades públicas.

Los Anales

Los Anales se abren con una declaración de método que se ha hecho proverbial: Tácito promete escribir sine ira et studio, sin rencor ni parcialidad, puesto que los motivos para ambas cosas le quedan lejos. La promesa es sincera y, al mismo tiempo, parte de la retórica del historiador; pocas obras de la Antigüedad están tan cargadas de juicio moral como esta.

La estructura de la obra sigue formalmente el esquema analístico de la historiografía republicana, año por año, con los cónsules como marco cronológico y la alternancia entre asuntos internos y externos. Pero Tácito somete ese molde a una tensión constante. La forma republicana contrasta con un contenido en el que ya no hay República: los cónsules se suceden, el Senado delibera y las magistraturas se renuevan, mientras el poder real se decide en el palacio, entre libertos, esposas y prefectos del pretorio.

El libro I contiene el retrato de Tiberio que ha dominado su imagen durante casi dos milenios: un príncipe hábil, reservado y profundamente disimulado, cuyo verdadero carácter se va revelando a medida que caen sus frenos, y cuya relación con Sejano, en los libros IV–VI, conduce a la degradación del régimen. Los libros XI–XII narran la corte de Claudio, dominada por Mesalina y después por Agripina; los XIII–XVI, el principado de Nerón, desde el asesinato de Agripina hasta la conjura de Pisón y las muertes de Séneca, Lucano y Petronio. Las páginas sobre el incendio de Roma del 64 contienen, además, la única referencia pagana temprana y extensa a la persecución de los cristianos.

La preocupación central de la obra no es tanto la maldad de los emperadores como la complicidad de quienes los rodean. El Senado de los Anales se envilece a sí mismo con adulaciones que nadie le exige; los delatores prosperan porque la ley de majestad les ofrece recompensa; y las muertes ejemplares de estoicos como Trásea Peto tienen una dignidad trágica cuya utilidad política Tácito, fiel a la lección de Agrícola, no deja de poner en duda.

Estilo

Tácito es célebre por su estilo denso, aforístico e irónico. Su prosa se aparta deliberadamente del periodo ciceroniano, amplio y equilibrado, y se inspira sobre todo en Salustio: busca la brevitas, la inconcinnitas o asimetría sintáctica, la variatio y un léxico de sabor arcaizante y poético. Es un estilo que evoluciona a lo largo de su obra y que alcanza en los libros finales de los Anales su forma más tensa y personal.

Emplea con maestría el discurso indirecto, la elipsis significativa y la insinuación. Es característica su técnica de presentar dos explicaciones de un hecho, una inocente y otra siniestra, y dejar que la segunda se imponga en el ánimo del lector sin afirmarla nunca. Los rumores, las sospechas y las opiniones del vulgo ocupan un lugar privilegiado en su narración, lo que le permite sugerir más de lo que puede probar. Su técnica exige, por ello, una lectura atenta y crítica, capaz de separar el hecho narrado de la valoración que lo envuelve.

Esta complejidad ha llevado a compararlo con Tucídides por su penetración analítica y con Dante por su intensidad moral. Sus sentencias condensan en pocas palabras una visión entera de la política, como aquella según la cual, cuanto más corrupta está la República, más numerosas son sus leyes.

Transmisión del texto

La supervivencia de Tácito pendió de un hilo. Los Anales I–VI se conservan en un único manuscrito, el llamado Codex Mediceus I (Florencia, Biblioteca Medicea Laurenziana, Plut. 68.1), copiado en el siglo IX en Alemania, probablemente en Fulda, y llevado a Italia a comienzos del siglo XVI; el texto se publicó por primera vez en 1515. Los Anales XI–XVI y las Historias dependen, a su vez, del Codex Mediceus II (Plut. 68.2), escrito en letra beneventana en Montecassino en el siglo XI, y redescubierto por los humanistas en el siglo XIV. Las obras menores se transmitieron en otro manuscrito, el Codex Hersfeldensis, que llegó a Roma a mediados del siglo XV y desapareció después.

Influencia

La influencia de Tácito en la tradición occidental ha sido profunda y duradera, aunque tardía: fue poco leído en la Antigüedad tardía y casi desconocido en la Edad Media. Su recuperación por los humanistas lo convirtió, a partir del siglo XVI, en uno de los autores centrales del pensamiento político europeo. La edición de Justo Lipsio (1574) dio origen al llamado tacitismo, corriente que, en tiempos de monarquías absolutas y guerras de religión, encontró en Tácito una ciencia del poder que podía decirse sin nombrar a Maquiavelo. Tácito sirvió así, alternativamente, como manual de príncipes y como arsenal contra la tiranía.

España fue uno de los focos del tacitismo. Baltasar Álamos de Barrientos publicó en 1614 su Tácito español ilustrado con aforismos, y Carlos Coloma tradujo los Anales e Historias en 1629. Maquiavelo, Montaigne, Montesquieu, Alfieri, Gibbon, Voltaire y Nietzsche lo leyeron con atención, y en el siglo XX Ronald Syme hizo de él la clave para comprender el funcionamiento de la aristocracia romana bajo el principado. Su eco resuena todavía en la teoría política contemporánea, allí donde se piensa la relación entre instituciones formales y poder real.

Estudios sobre los Anales

Entre las ediciones y estudios más relevantes destacan la edición de Henry Furneaux, The Annals of Tacitus (2 vols., Oxford), aún útil por su cobertura completa y sus notas detalladas; los comentarios de F. R. D. Goodyear a los libros I–II (Cambridge, 1972–1981) y su breve monografía Tacitus (Oxford, 1970); los comentarios de R. H. Martin y A. J. Woodman a los libros III y IV (Cambridge); y la edición bilingüe del libro IV de D. C. A. Shotter (Aris & Phillips, 1989).

La obra más influyente del siglo XX sigue siendo Tacitus de Ronald Syme (2 vols., Oxford, 1958), completada por sus Ten Studies in Tacitus (1970), donde aborda temas centrales como la identidad senatorial del historiador y su visión del principado. Christina S. Kraus, John Henderson, Woodman y Martin, entre otros, han enriquecido el panorama crítico con aproximaciones estilísticas, retóricas y narratológicas, que han desplazado el interés desde la fiabilidad documental de Tácito hacia su arte como escritor.

Traducción al español

La traducción más destacada en lengua española, y la que reproducimos en este sitio, es la de José Luis Moralejo, publicada por Gredos en la Biblioteca Clásica Gredos entre 1979 y 1980. Esta versión, fiel al texto latino y acompañada de abundantes notas, logra transmitir la ironía, la concisión y la densidad moral del original, sin sacrificar la legibilidad del castellano. Es una edición de referencia tanto para lectores generales como para estudiosos del mundo romano.


TEXTO COMPLETO DEL LIBRO I

Tácito. Anales. Libros I-VI. Edición de José Luis Moralejo, Biblioteca Clásica Gredos, vol. 19, Gredos, 1979.


Bibliografía

Ediciones y comentarios

  • Furneaux, Henry. The Annals of Tacitus. 2 vols. Oxford: Clarendon Press.
  • Goodyear, F. R. D. The Annals of Tacitus, Books 1–6. Vols. I–II (Annals I–II). Cambridge: Cambridge University Press, 1972–1981.
  • Martin, R. H., y A. J. Woodman. Tacitus: Annals Book IV. Cambridge: Cambridge University Press, 1989.
  • Woodman, A. J., y R. H. Martin. The Annals of Tacitus: Book 3. Cambridge: Cambridge University Press, 1996.
  • Shotter, D. C. A. Tacitus: Annals IV. Warminster: Aris & Phillips, 1989.

Estudios

  • Goodyear, F. R. D. Tacitus. Greece & Rome New Surveys in the Classics 4. Oxford: Clarendon Press, 1970.
  • Syme, Ronald. Tacitus. 2 vols. Oxford: Clarendon Press, 1958.
  • Syme, Ronald. Ten Studies in Tacitus. Oxford: Clarendon Press, 1970.
  • Woodman, A. J. (ed.). The Cambridge Companion to Tacitus. Cambridge: Cambridge University Press, 2009.

Traducción

  • Tácito. Anales. Traducción y notas de José Luis Moralejo. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid: Gredos, 1979–1980.