↑

La batalla del bosque de Teutoburgo (9 d.C.)

Featured image for La batalla del bosque de Teutoburgo (9 d.C.)

La clades Variana, septiembre del año 9 d.C. Fuentes principales: Veleyo Patérculo, Historia romana II, 117–120; Casio Dion, Historia romana LVI, 18–24; Tácito, Anales I, 55–71.

Antecedentes: el espejismo de la romanización

A comienzos del siglo I d.C., Roma consideraba que el territorio situado entre el Rin y el Elba estaba en vías de convertirse en provincia. Las campañas de Druso (12–9 a.C.) y de Tiberio (8–7 a.C. y 4–6 d.C.) habían llevado las legiones hasta el Elba, y una red de bases militares a lo largo del Lipe, como Haltern y Oberaden, sostenía la presencia romana en el interior. La arqueología ha confirmado que el proyecto iba más allá de la ocupación militar: en Lahnau-Waldgirmes, en Hesse, se excavó una ciudad romana en construcción, con foro, edificios de piedra y una estatua ecuestre dorada de Augusto, fundada en torno al cambio de era y abandonada después del desastre.

En el año 7 d.C., Augusto confió el mando de Germania a Publio Quintilio Varo, un senador de su círculo íntimo, casado con una sobrina nieta del emperador, que había sido cónsul en el 13 a.C., procónsul de África y legado de Siria. En Siria había sofocado con dureza los disturbios que siguieron a la muerte de Herodes el Grande. Las fuentes antiguas, escritas después de la catástrofe, lo retratan como un administrador más que como un soldado. Veleyo Patérculo le reprocha que se comportara como un pretor urbano que impartía justicia en el foro y no como un general en territorio hostil. Casio Dion añade que Varo pretendió transformar a los germanos con demasiada prisa, imponiéndoles tributos y el derecho romano como si fueran súbditos ya sometidos.

Entre los hombres de confianza de Varo se encontraba Arminio, hijo de Segimero, noble de los queruscos. Como otros jóvenes de la aristocracia germana, había servido al frente de tropas auxiliares en el ejército romano, probablemente durante la gran revuelta de Panonia (6–9 d.C.), y había recibido la ciudadanía romana y el rango ecuestre. Conocía, por tanto, la disciplina, las tácticas y las debilidades de las legiones desde dentro. Arminio organizó en secreto una coalición de tribus, entre ellas queruscos, marsos, brúcteros y catos, mientras seguía frecuentando la mesa del gobernador. La conjura no pasó del todo inadvertida: Segestes, otro noble querusco y rival de Arminio, advirtió a Varo e incluso le pidió que lo arrestara a él mismo junto con los conjurados. Varo no le creyó.

La marcha hacia la trampa

A finales del verano del año 9, Varo regresaba con su ejército desde los campamentos de verano, situados probablemente cerca del Weser, hacia los cuarteles de invierno junto al Rin. Arminio le hizo llegar la noticia de una sublevación en una región apartada y le aconsejó desviarse para sofocarla en el camino. Luego se separó de la columna con el pretexto de reunir tropas auxiliares, y se unió a los insurrectos.

La fuerza romana estaba compuesta, según Veleyo, por tres legiones, la XVII, la XVIII y la XIX, tres alas de caballería y seis cohortes auxiliares. Las estimaciones modernas oscilan entre quince y veinte mil combatientes, a los que se sumaba un convoy numeroso de esclavos, mujeres, niños y bagajes, pues Varo no esperaba un combate. Casio Dion describe una columna estirada durante kilómetros, obligada a abrirse paso talando árboles y tendiendo pasarelas, mientras un temporal de lluvia y viento volvía el suelo resbaladizo y quebraba las copas de los árboles sobre los soldados. En esas condiciones era imposible desplegar el orden de batalla habitual de la legión (triplex acies).

Localización: del saltus Teutoburgiensis a Kalkriese

Tácito es el único autor antiguo que da un nombre al lugar: el saltus Teutoburgiensis, situado no lejos de la zona comprendida entre los ríos Ems y Lipe. El término saltus designa una región boscosa y accidentada, a menudo un paso de montaña, no un «bosque» en sentido estricto. La cordillera que hoy se llama Teutoburger Wald, entre Bielefeld e Iburg, recibió ese nombre en el siglo XVII precisamente porque los eruditos creyeron identificar en ella el paraje descrito por Tácito, lo que alimentó durante siglos cientos de hipótesis sobre el emplazamiento exacto de la batalla.

El debate cambió de naturaleza en 1987, cuando el oficial británico Tony Clunn, aficionado a la detección de metales, halló monedas romanas y proyectiles de honda en Kalkriese, al norte de Osnabrück, en Baja Sajonia. Las excavaciones posteriores revelaron un estrecho corredor entre la ladera del Kalkrieser Berg, en el extremo de los montes Wiehen, y una gran turbera. A lo largo de la ladera, los germanos habían levantado un muro de tierra y césped desde el que atacaban a una columna encerrada entre la colina y el pantano. Se han recuperado miles de objetos militares, entre ellos una máscara de hierro de un casco de caballería, fragmentos de armaduras y fosas con huesos humanos y de mulas enterrados años después de la batalla. Ninguna de las monedas es posterior al año 9, y varias llevan la contramarca VAR, aplicada en tiempos del mando de Varo.

La mayoría de los investigadores identifica hoy Kalkriese con al menos una de las fases de la derrota de Varo, aunque la cuestión no está cerrada. Algunos sostienen que el yacimiento podría corresponder a los combates de Germánico o de su legado Cécina en el 15–16 d.C. Kalkriese, en cualquier caso, está algo al norte de la región entre el Ems y el Lipe mencionada por Tácito, y la batalla, que duró varios días, se extendió sin duda por un territorio mucho más amplio que un único yacimiento.

La aniquilación de las legiones

El relato más completo del combate es el de Casio Dion, escrito dos siglos después. Según él, los germanos comenzaron atacando la columna desde la espesura, aprovechando que los romanos no podían formar en orden cerrado. Al término del primer día, los romanos lograron levantar un campamento, y al día siguiente, tras quemar la mayor parte de los carros y bagajes, continuaron la marcha en un orden algo mejor y alcanzaron terreno abierto. Pero volvieron a internarse en el bosque, donde sufrieron las mayores pérdidas. Al cuarto día, bajo una lluvia intensa que empapaba los escudos y aflojaba los arcos, y con el número de enemigos en aumento a medida que se unían nuevos contingentes, la resistencia se desmoronó.

Tácito, a través de la visita de Germánico seis años después, permite reconstruir parte de esta secuencia sobre el terreno: primero un campamento amplio, obra evidente de tres legiones; después un parapeto a medio levantar y un foso poco profundo, donde se habían atrincherado los restos ya diezmados del ejército.

Varo, herido, se quitó la vida para no caer en manos del enemigo, como habían hecho su padre y su abuelo en las guerras civiles, y varios oficiales siguieron su ejemplo. Otros actuaron de manera muy distinta. Veleyo recuerda que el prefecto de campamento Lucio Egio murió con valor, mientras Ceyonio se rindió y Numonio Vala abandonó a la infantería y huyó con la caballería hacia el Rin, sin llegar a salvarse. Los germanos sacrificaron a tribunos y centuriones de primer rango en altares de los bosques, y la cabeza de Varo fue enviada a Maroboduo, rey de los marcomanos, quien la remitió a Augusto. El emperador le dio sepultura en el mausoleo familiar.

La guarnición de Aliso, probablemente en el Lipe, resistió un asedio bajo el mando de Lucio Cedicio y logró abrirse paso hasta el Rin, donde Lucio Asprenas, sobrino de Varo, aseguró con dos legiones la línea del río y evitó que la revuelta se extendiera a la Galia.

Impacto en Roma

La noticia llegó a Roma pocos días después de celebrarse la victoria sobre Panonia, y la conmoción fue enorme. Suetonio cuenta que Augusto se dejó crecer la barba y el cabello durante meses, que golpeaba su cabeza contra las puertas del palacio exclamando Quintili Vare, legiones redde! («¡Quintilio Varo, devuélveme las legiones!») y que en adelante guardó el aniversario de la derrota como día de luto. Temiendo una insurrección en la propia ciudad, el emperador dispuso patrullas nocturnas, expulsó de Roma a su guardia personal germana y ordenó reclutamientos de urgencia, recurriendo incluso a libertos.

Los números XVII, XVIII y XIX no volvieron a asignarse a ninguna legión romana, un hecho sin paralelo en la historia del ejército imperial. La memoria individual de los caídos sobrevive en el cenotafio de Marco Celio, centurión de la legión XVIII muerto a los cincuenta y tres años en la «guerra de Varo», cuyo hermano dispuso que, si sus huesos llegaban a encontrarse, fueran sepultados allí.

Las campañas de Germánico y el fin de la expansión

La derrota no supuso el abandono inmediato de Germania. Tiberio reforzó el Rin en los años siguientes, y entre el 14 y el 16 d.C. su sobrino Germánico dirigió grandes campañas de represalia al otro lado del río. En el 15 visitó el escenario de la batalla y dio sepultura a los restos de los soldados de Varo. En el 16 derrotó a Arminio en Idistaviso, junto al Weser. En esas campañas se recuperaron dos de las tres águilas perdidas, la primera entre los brúcteros en el 15 y la segunda entre los marsos en el 16. La tercera no se rescató hasta el reinado de Claudio, en el 41, de manos de los caucos.

Pese a esas victorias, las campañas de Germánico costaron numerosas bajas y pérdidas navales en el mar del Norte, sin lograr someter a las tribus. En el 16 Tiberio lo llamó a Roma, argumentando que a Germania era mejor abandonarla a sus propias discordias. La previsión fue acertada: Arminio se enfrentó a Maroboduo en el 17 y murió hacia el 21 a manos de sus propios parientes, acusado de aspirar a la realeza. Tácito le dedica un célebre epitafio en el que lo llama, sin vacilación, libertador de Germania.

La frontera romana quedó establecida en el Rin, y la idea de una provincia hasta el Elba no volvió a plantearse seriamente. Es preciso matizar, sin embargo, la tradición que ve en Teutoburgo la causa única de esa decisión. Pesaron también el coste de la revuelta panonia, las dificultades de reclutamiento y el propio consejo de Augusto a sus sucesores de mantener el Imperio dentro de sus límites. El limes fortificado de Germania Superior y Recia, por otra parte, es obra posterior, iniciada bajo los Flavios y desarrollada en el siglo II.

Legado y recepción

La batalla apenas fue recordada en la Edad Media. Su redescubrimiento llegó con la recuperación de las obras de Tácito en el Renacimiento. Desde el siglo XVI, los humanistas alemanes hicieron de Arminio, rebautizado Hermann, un héroe nacional; Ulrich von Hutten le dedicó un diálogo, y Lutero, según una tradición, fue quien propuso la forma germanizada del nombre. En la era napoleónica, Heinrich von Kleist escribió La batalla de Arminio (1808) como alegoría de la resistencia contra Francia, y en 1875 se inauguró cerca de Detmold el Hermannsdenkmal, una estatua colosal que blande su espada hacia el oeste. La batalla se convirtió así en un mito fundacional del nacionalismo alemán, y fue explotada después por la propaganda nazi. Desde 1945, la historiografía alemana ha tratado el episodio con mayor distancia, y en 2009, en su bimilenario, fue objeto de una gran exposición conjunta en Haltern, Kalkriese y Detmold.

Fuentes antiguas

  • Veleyo Patérculo, Historia romana II, 117–120. Contemporáneo de los hechos, aunque no testigo presencial, sirvió a las órdenes de Tiberio en Germania antes y después del desastre. Su relato, escrito hacia el 30 d.C., carga toda la responsabilidad en la imprudencia de Varo, en parte para realzar la figura de Tiberio, e incluye noticias sobre la conducta de los oficiales.
  • Casio Dion, Historia romana LVI, 18–24. Escrito a comienzos del siglo III, es el único relato continuo del desarrollo de la batalla día a día, con detalles sobre el terreno, el temporal y las reacciones en Roma.
  • Tácito, Anales I, 55–71 y II, 88. Describe la advertencia de Segestes, la visita de Germánico al campo de batalla en el 15 d.C. —con los huesos blanqueados, los cráneos clavados en los troncos y los altares donde fueron sacrificados los tribunos—, la recuperación de las águilas y el epitafio de Arminio. Su Germania ofrece además un estudio etnográfico de las tribus implicadas.
  • Floro, Epítome II, 30. Relato breve y retórico que subraya la arrogancia de Varo y la crueldad de los vencedores.
  • Suetonio, Augusto 23 y Tiberio 17–18. Recoge la reacción del emperador y las medidas tomadas tras la derrota.
  • Estrabón, Geografía VII, 1, 4. Menciona a las tribus participantes y el triunfo de Germánico en el 17, en el que desfilaron la esposa y el hijo de Arminio.
  • Cenotafio de Marco Celio (CIL XIII 8648). Testimonio epigráfico directo de un caído en la batalla.

Bibliografía

  • Murdoch, Adrian. Rome’s Greatest Defeat: Massacre in the Teutoburg Forest. Stroud: Sutton, 2006.
  • Wells, Peter S. The Battle That Stopped Rome: Emperor Augustus, Arminius, and the Slaughter of the Legions in the Teutoburg Forest. Nueva York: W. W. Norton, 2003.
  • Wolters, Reinhard. Die Schlacht im Teutoburger Wald: Arminius, Varus und das römische Germanien. Múnich: C. H. Beck, 2008.
  • Varusschlacht im Osnabrücker Land – Museum und Park Kalkriese: www.kalkriese-varusschlacht.de.